La navidad en el metro cada año se siente menos
Los dos tipos de músicos que se pueden oír o escuchar en el subsuelo de Barcelona
Cada día miles de personas utilizan el transporte público de la ciudad de Barcelona. Muchas de ellas van con prisa, otras están de turismo, algunas van cansadas, unas leen, otras escuchan música y hay unas que simplemente observan. Durante la época de navidad la cantidad de personas que circula de un lado a otro aumenta, llegan más turistas y en el metro deben caber tanto las personas como las bolsas de sus compras navideñas. El metro transporta historias, miles de historias. Algunas de ellas se cuentan con ritmo.
Son ellos, los músicos, a los que escuchamos más de una vez al día cuando nos desplazamos en transporte público para llegar a nuestro destino. Están tanto los que viajan en el metro manteniendo el equilibrio, como los que están en suelo firme en el cambio de línea.
Todos los pasajeros oyen sus voces e instrumentos, unos los escuchan e incluso sienten que amenizan su viaje, para otros son ruido y otros simplemente los ignoran.
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En la parada de Sagrera, Allan, cantante brasileño y amante de los ritmos latinos, explica a su público por qué lleva gafas oscuras y la ausencia de su salsa característica. Entre bolero y bolero explica que por estas épocas del año echa de menos su país y la espiritualidad de la gente de América Latina ante el materialismo y la superficialidad imperante en Europa.
Al cambiar de línea en Passeig de Gràcia, Mijael tocaba el acordeón. Con su hábil movimiento de manos y brazos interpretaba canciones de Chile, Paraguay y España. Mijael nació en Rumanía y lleva más de 10 años en Barcelona, para él la navidad en su país comporta más unión, alegría y efusividad entre las personas. Mijael define la navidad en España como compras y comida.
No muy lejos de Mijael, en la misma línea de metro estaban Shisheng i Xiando. Dos músicos de China que trasmiten la atmósfera oriental mediante el erhu. Shisheng tiene 62 años y Xiando 50, aunque a los dos les cuesta expresarse en castellano, la expresión de sus caras trasmitían paz y solemnidad.
En la parada de Fontana, Juan Andrés, un alicantino, tocaba el fiscornio. Él escoge el repertorio de música clásica en función de su estado de ánimo. En relación con esto, afirma que una misma canción interpretada en momentos diferentes se convierte en varias piezas distintas y únicas. A la pregunta: ¿Siempre has vivido de la música? Juan Andrés responde: "Siempre he vivido para la música". Según él, durante estas épocas de navidad, siente que la gente está más receptiva, que es más fácil conectar con los pasajeros, con su público.
Allan, Mijael, Shisheng, Xiando, Juan Andrés y otros muchos músicos más, que encontramos en los pasillos de las instalaciones del metro, forman parte de la Associació de Músics del Carrer i el Metro. Después de pasar por unas pruebas que evalúan sus conocimientos musicales y repertorio, pueden dar a conocer su talento bajo la placa ("Músics al metro") que señala su escenario diario, un lugar donde su público son los miles de pasajeros del metro de Barcelona.
En vista de la falta de lugares y oportunidades para ejercer su profesión, el metro es su escenario.
En vista de la falta de lugares y oportunidades para ejercer su profesión, el metro es su escenario.
En movimiento
Una vez dentro del metro es posible
escuchar “Buenas, señoras y señores…”, como dice Florenti, de
Rumanía. Él, como Daniela también del país de Drácula, se suben
al metro y hacen arte, con mucha dignidad, pero un poco cabizbajos.
Daniela canta, Florenti toca el clarinete y ambos se quejan de que este
año la navidad no se siente.
Ambos añoran los años en los que se
presentaban en bodas y bautizos de su país natal, “pero no ganas
lo suficiente, la comida allí cuesta lo mismo que aquí pero los
sueldos son más bajos”, se lamenta Daniela. Ella lleva en
Barcelona ya una década y en el metro ya la conocen “después de
10 años me preguntan cómo están mis hijos, porque venía a cantar
embarazada”, reconoció.
Cuando llegó le costó aprender un nuevo repertorio y “a veces no sabía ni lo que decía”, confiesa riendo. Al mismo tiempo se lamenta “a veces me siento como un animal, la gente no quiere escuchar la música, te hablan mal, te gritan, los vigilantes te echan, aunque también he tenido buenos momentos alguna vez las abuelitas se han puesto a llorar de nostalgia al escuchar mi música”.
Cuando llegó le costó aprender un nuevo repertorio y “a veces no sabía ni lo que decía”, confiesa riendo. Al mismo tiempo se lamenta “a veces me siento como un animal, la gente no quiere escuchar la música, te hablan mal, te gritan, los vigilantes te echan, aunque también he tenido buenos momentos alguna vez las abuelitas se han puesto a llorar de nostalgia al escuchar mi música”.
Florenti declara que hace años durante estas épocas festivas "la gente se ponía a cantar, a bailar, este
año no se nota nada". Lo que más le apena de estar aquí durante
esta época es no estar en su país, pues “allí hay nieve, se
reúne toda la familia… Es navidad”. Daniela declara que ya no
volvería, pues lo vendió todo para venir y aquí ya tiene a toda su familia.
Allan. Nacido en Brasil, ama la salsa y los boleros de latino américa. Lo podemos encontrar muchas veces en la estación de Sagrera. "La mejor manera de enamorar a una mujer es cantarle un bolero bien despacio."
Daniela. De Rumanía es cantante e hija de un violinista. Se gana la vida cantando en el metro. "Hace años la navidad se notaba mucho, la gente se ponía a cantar y a bailar, pero este año no se nota nada".
Mijael. De Rumanía, se declara paisano del Conde Drácula, su instrumento es el acordeón.
"Es necesario vivir rodeado de gente alegre y darle importancia a la amistad de nuestra vida".
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| Fuente: elaboración propia. |
Shisheng. Nacido en China, toca el Erhu y normalmente se encuentra en las estaciones de l'Eixample. Hizo falta un móvil y una traductora para saber que lleva 4 años en Barcelona. Finalmente se despidió con una sonrisa.
Xiando. De China, su instrumento es el Erhu y con este interpreta exóticas melodías. Define la navidad como "una sonrisa en la cara de la gente".






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